El abuelo que saltó por la ventana y se largó (2013): cuando escapar es la forma más lúcida de vivir.

"El abuelo que saltó por la ventana y se largó" (2013). Película recomendada. Blog de Rafael Ramírez.

Hoy, en nuestras recomendaciones cinematográficas, os traigo El abuelo que saltó por la ventana y se largó, una de esas películas que parecen hechas para recordarnos que la vejez, cuando se mira con cierta ironía, puede ser el último acto de rebeldía. No es exactamente una comedia ni una aventura clásica, sino más bien una travesura cinematográfica, un relato que se ríe de la solemnidad con la que solemos envolver el paso del tiempo. Y quizá por eso funciona: porque no pretende ser profunda, pero lo es sin querer.

La historia comienza con una fuga que, en cualquier otro personaje, sería un gesto desesperado, pero en el caso de Allan Karlsson es simplemente coherente. A sus cien años, decide que no va a pasar ni un minuto más en una residencia que lo trata como si fuera un jarrón antiguo. Salta por la ventana —literalmente— y se lanza a una huida en la que se mezclan casualidades imposibles, maletas llenas de dinero, mafiosos incompetentes y un elefante. Todo ello se narra con la ligereza que solo tienen las historias que no se toman demasiado en serio.

Lo interesante es cómo la película alterna la aventura del presente con los flashbacks del pasado de Allan, un pasado que roza lo absurdo, ya que ha estado presente en los momentos clave del siglo XX sin proponérselo, como un Forrest Gump escandinavo y explosivo. Y ahí radica uno de los encantos de la película: la idea de que la vida, incluso la más aparentemente anodina, puede estar llena de episodios improbables si uno se deja llevar por la corriente. Allan no es un héroe ni un sabio, es un hombre que prefiere no pensar demasiado y seguir adelante. Su filosofía es tan simple que resulta casi subversiva en un mundo obsesionado con la introspección.

Visualmente, la película tiene un tono ligeramente deslavazado, casi de postal nórdica, que combina bien con el humor seco y la violencia caricaturesca. No busca el realismo, sino la fábula contemporánea. Y, aunque a veces la sucesión de coincidencias roza lo excesivo, la película se sostiene gracias a su ritmo juguetón y a la interpretación de Robert Gustafsson, que consigue que Allan resulte entrañable sin caer en la ternura fácil.

Lo más valioso del filme es su manera de hablar del envejecimiento sin dramatismo. No hay discursos sobre el sentido de la vida ni lamentos por el tiempo perdido. Hay dinamita, vodka, amistades improbables y un centenario que decide que aún le queda mundo por recorrer. Es una invitación a ver la vejez como un territorio donde todavía caben la aventura y la locura, donde la libertad puede ser tan simple como abrir una ventana y marcharse.

Si uno se deja llevar, la película se convierte en un recordatorio amable de que la vida —toda ella, incluso la que empieza a los cien años— es más divertida cuando no se intenta controlarla del todo.

Cartel de "El abuelo que saltó por la ventana y se largó" (2013). Película recomendada. Blog de Rafael Ramírez.
Cartel de «El abuelo que saltó por la ventana y se largó» (2013). Película recomendada. Blog de Rafael Ramírez.

Detrás de la película.

La película es una ambiciosa adaptación de un best seller sueco y su producción fue tan peculiar como el propio Allan Karlsson: un rodaje internacional, un protagonista envejecido con un monumental maquillaje y un presupuesto inusualmente alto para el cine sueco.

La historia de El abuelo que saltó por la ventana y se largó comienza, por supuesto, con la novela de Jonas Jonasson, un fenómeno editorial que mezclaba humor absurdo, sátira histórica y un protagonista imposible de clasificar. El director y guionista Felix Herngren asumió el reto de trasladar ese tono al cine, consciente de que la clave no solo estaba en narrar las peripecias de Allan, sino en capturar su espíritu: esa mezcla de apatía filosófica y caos involuntario que lo convierte en un Forrest Gump nórdico y trepidante.

Uno de los aspectos más comentados de la producción fue el maquillaje de Robert Gustafsson, que debía hacerle parecer un centenario creíble sin que perdiera expresividad. El trabajo fue tan minucioso que la película terminó nominada al Óscar al mejor maquillaje, un reconocimiento poco habitual para una comedia sueca.

El presupuesto también llamó la atención: 63 millones de coronas suecas, una cifra elevada para los estándares del país, necesaria para recrear los múltiples escenarios históricos y las aventuras internacionales del protagonista. La película, además, se rodó en varios idiomas (sueco, inglés, alemán y ruso) para dar verosimilitud a los encuentros de Allan con figuras políticas del siglo XX.

La producción implicó un notable trabajo de recreación histórica, desde laboratorios nucleares hasta reuniones diplomáticas, pasando por dictadores y presidentes. Aunque la película abraza el absurdo, el equipo se esforzó para que los escenarios y los vestuarios fueran reconocibles, como si Allan realmente hubiera estado allí, influyendo sin querer en los grandes acontecimientos del siglo pasado.

Otro detalle curioso es la presencia del elefante Sonja, que ya era un símbolo del tono disparatado de la novela. En la película, su aparición requirió una combinación de rodaje con animales reales y efectos visuales, lo que supuso un desafío técnico para un proyecto que ya mezclaba acción, comedia y reconstrucción histórica.

La película tuvo una notable trayectoria internacional: se estrenó en la sección Berlinale Special Gala del Festival de Berlín, un escaparate prestigioso para una comedia sueca, y llegó a España en 2014, donde su humor excéntrico y su narrativa episódica encontraron un público receptivo.

En conjunto, la historia de su producción refleja exactamente lo que la película propone: una mezcla improbable de elementos que, contra todo pronóstico, funciona. Un gran proyecto para un pequeño país, una comedia que exige precisión técnica y un protagonista que, incluso con maquillaje, parece recordarnos que la vida —y el cine— son más divertidos cuando se permiten la disparidad.

Escena de "El abuelo que saltó por la ventana y se largó" (2013). Película recomendada. Blog de Rafael Ramírez.
Escena de «El abuelo que saltó por la ventana y se largó» (2013). Película recomendada. Blog de Rafael Ramírez.

Ficha técnica de la película.

  • Título original: Hundraåringen som klev ut genom fönstret och försvann
  • Título en español: El abuelo que saltó por la ventana y se largó
  • Año: 2013
  • País: Suecia
  • Duración: 112–114 minutos (según edición)
  • Género: Comedia, aventuras; con elementos de sátira histórica y humor negro.
  • Dirección: Felix Herngren
  • Guion: Felix Herngren y Hans Ingemansson, basado en la novela de Jonas Jonasson.
  • Producción: Felix Herngren, Malte Forssell, Henrik Jansson-Schweizer.
  • Música: Matti Bye
  • Fotografía: Göran Hallberg
  • Montaje: Henrik Källberg
  • Vestuario: Madeleine Thor

Reparto principal.

  • Robert Gustafsson — Allan Karlsson
  • Iwar Wiklander — Julius
  • David Wiberg — Benny
  • Mia Skäringer — Gunilla
  • Jens Hultén — Gäddan
  • Bianca Cruzeiro — Caracas
  • Alan Ford — Pim

Producción y distribución.

Productoras:

  • Film i Väst
  • Wild Bunch
  • StudioCanal
  • Nice Drama / FLX Comedy AB (según distintas fuentes)

Distribución: Walt Disney Studios Motion Pictures (internacional)

Presupuesto: 63 millones de coronas suecas (SEK)

Recaudación mundial: Aproximadamente 51 millones de dólares

Tráiler de “El abuelo que saltó por la ventana y se largó”.

En resumen, no te pierdas El abuelo que saltó por la ventana y se largó, porque es una de esas películas que, sin pretenderlo, te reconcilian con la idea de que la vida puede seguir siendo absurda, divertida y sorprendente incluso a los cien años. Tiene un humor ligero pero inteligente, mezcla aventura con sátira histórica y convierte lo improbable en cotidiano. Y, sobre todo, porque Allan Karlsson es un recordatorio encantador de que, a veces, basta con abrir una ventana, real o metafórica, para que todo vuelva a moverse.

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