Hoy, en nuestra sección de cine, te traigo Si la cosa funciona (2009), una de esas películas en las que Woody Allen recupera un viejo guion, lo desempolva y lo convierte en una comedia ligera, cáustica y sorprendentemente tierna, sostenida por un protagonista que parece escrito a la medida de Larry David. La cinta, estrenada en 2009 y rodada en Nueva York, narra la improbable convivencia entre un misántropo brillante y una joven ingenua del sur de Estados Unidos y, a partir de ahí, despliega un juego de contrastes que funciona como sátira social, reflexión sentimental y, sobre todo, como un recordatorio de que la vida, como sugiere el título, rara vez sigue un plan racional.
La historia gira en torno a Boris Yellnikoff, un físico retirado, cascarrabias y obsesionado con la idea de que el mundo es un desastre sin remedio. Su vida da un giro cuando aparece Melodie, una chica sureña que huye de su hogar y cuya inocencia casi caricaturesca desmonta poco a poco las certezas del protagonista. La sinopsis oficial la resume como una relación que desencadena «una serie de enredos familiares y sentimentales», pero la película es más que eso: es un choque de mundos, edades, ideologías y temperamentos llevado al extremo con el humor neurótico tan característico de Allen.
Larry David encarna a Boris con una mezcla de brillantez y torpeza que recuerda a su propio personaje en Curb Your Enthusiasm (Larry David en España), pero aquí el cinismo adquiere tintes filosóficos, casi académicos. Evan Rachel Wood, por su parte, interpreta a Melodie con una ingenuidad que podría haber caído en lo ridículo, pero que termina resultando entrañable y, en ocasiones, sorprendentemente lúcida. El reparto se completa con figuras como Patricia Clarkson y Ed Begley Jr., que aportan capas adicionales de caos emocional cuando los padres de Melodie irrumpen en la historia y, en un giro muy propio de Allen, descubren nuevas versiones de sí mismos en la ciudad.
La película dura 92 minutos y se siente como un divertimento ágil, casi teatral, en el que los personajes hablan directamente a la cámara, rompen la cuarta pared y comentan su propia existencia. Este recurso, lejos de ser un capricho, subraya la idea central de la película: la vida es un conjunto de accidentes, decisiones improvisadas y encuentros improbables. No hay un plan maestro ni una fórmula para la felicidad, solo intentos, tanteos y pequeños milagros cotidianos. «Whatever works», dice el título original, y esa frase funciona como tesis y como consuelo.
Aunque no es una de las obras maestras de Allen, sí es una película que destila su esencia: diálogos rápidos, humor ácido y personajes que se debaten entre el pesimismo intelectual y el deseo de vivir algo auténtico. Y, sobre todo, una mirada amable hacia la fragilidad humana. En un mundo lleno de neurosis, prejuicios y expectativas, Si la cosa funciona propone algo tan simple como aceptar lo inesperado, abrazar lo imperfecto y dejar que la vida —con sus torpezas y sorpresas— siga su curso.
Detrás de “Si la cosa funciona”.
La historia detrás de Si la cosa funciona tiene algo de arqueología creativa, de azar y de regreso a un Nueva York que Woody Allen había abandonado temporalmente en su filmografía. Lo que parece una comedia ligera nació, en realidad, de un guion escrito décadas antes, en la década de 1970, cuando Allen imaginaba a Zero Mostel —el actor de Los productores (1967)— como protagonista. La muerte de Mostel en 1977 dejó el proyecto en un cajón, donde permaneció más de treinta años, hasta que, por una mezcla de nostalgia y oportunidad, Allen decidió recuperarlo.
Ese origen explica el tono particular de la película: un humor más corrosivo, más cercano al Allen joven, con un protagonista que encarna un cinismo casi teatral. Cuando Allen rescató el guion, Zero Mostel ya no podía interpretarlo, pero encontró en Larry David una energía similar: un hombre capaz de sostener monólogos misántropos sin perder el encanto. David aceptó el papel algo sorprendido; no era actor de cine, pero Allen buscaba precisamente esa mezcla de torpeza y brillantez que él proyecta de forma natural.
La producción también marcó un pequeño giro en la trayectoria del director. Tras varios años rodando en Europa, Allen volvió a Nueva York con una libertad creativa poco habitual, ya que Wild Bunch y Sony Classics le permitieron trabajar sin interferencias y confiaron en su método casi artesanal. El rodaje se desarrolló en localizaciones muy reconocibles —Greenwich Village, Chinatown, el East Village, Riverside Drive— que funcionan como un mapa emocional del propio Allen, como un retorno a casa.
Hay anécdotas curiosas que revelan el carácter del proyecto. Por ejemplo, Allen reescribió muy poco del guion original, por lo que los actores tuvieron que adaptarse a un humor «setentero» que no siempre encajaba con la sensibilidad contemporánea. Evan Rachel Wood contó que interpretar a Melodie fue como «entrar en una cápsula del tiempo», ya que el personaje estaba concebido con la ingenuidad exagerada de las comedias de otra época. Aun así, Allen insistió en mantener esa inocencia casi absurda, convencido de que el contraste con el pesimismo de Boris era la clave de la película.
Otra curiosidad es que el rodaje fue extremadamente rápido, incluso para los estándares de Allen. El director de fotografía, Harris Savides, trabajó con luz natural siempre que pudo, lo que permitió avanzar a un ritmo casi teatral. Savides, conocido por su trabajo con Gus Van Sant y David Fincher, aportó una estética más suave y luminosa que la habitual en Allen, lo que suaviza el tono ácido del guion.
El estreno también tuvo su historia. La película inauguró el Festival de Tribeca en abril de 2009, lo que tuvo un gran significado simbólico: Allen regresaba a Nueva York y lo hacía en un festival creado para revitalizar la ciudad tras el 11-S. La recepción fue tibia, pero muchos críticos destacaron la improbable química entre David y Wood y el placer de ver a Allen volver a sus obsesiones urbanas.
En conjunto, Si la cosa funciona es una obra peculiar: una película nueva construida sobre un guion antiguo, un regreso a Nueva York que mira al pasado, una comedia que mezcla el desencanto filosófico con la ingenuidad romántica. Y quizá por eso tiene un encanto particular: se siente como un mensaje en una botella que, tras décadas flotando, llega por fin a la orilla.

Ficha técnica de la película.
- Título original: “Whatever works”
- Título en España: «Si la cosa funciona»
- Dirección: Woody Allen
- Guion: Woody Allen
Producción:
- Letty Aronson
- Brahim Chioua
- Charles H. Joffe
- Vincent Maraval
- Helen Robin
- Jack Rollins
- Stephen Tenenbaum
Productoras:
- Gravier Productions
- Perdido Productions
- Wild Bunch
Reparto principal:
- Larry David
- Evan Rachel Wood
- Patricia Clarkson
- Henry Cavill
- Ed Begley Jr.
- Conleth Hill
- Michael McKean
- Fotografía: Harris Savides
- Montaje: Alisa Lepselter
- Música: Cliff Eidelman
- Escenografía: Ellen Christiansen
- Vestuario: Suzy Benzinger
- Sonido: Gary Alper, Lee Dichter, Jay Peck, Jason Stasium, David Wahnon
- Efectos especiales: Dana Bloder, Charles Lapage, Jesse Morrow, David Piombino
- País: Estados Unidos
- Año: 2009
- Género: Comedia romántica
- Duración: 92 minutos
- Idioma: Inglés

Tráiler de “Si la cosa funciona”.
En definitiva, Si la cosa funciona merece la pena porque es una comedia que combina el cinismo más afilado de Woody Allen con una ligereza que desarma. Larry David convierte cada escena en un monólogo brillante y el contraste con la ingenuidad de Evan Rachel Wood genera un humor inesperado y muy humano. Además, es una de esas películas que nos recuerda que la vida rara vez sigue un plan y que, a veces, lo mejor surge precisamente de lo improbable.
Más información:
- Si la cosa funciona (2009) – FilmAffinity.
- Whatever Works – Wikipedia, la enciclopedia libre.
- Dónde comprar o ver Si la cosa funciona (2009) – Buscar con Google.
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