La interpretación de “Là ci darem la mano” por Luciano Pavarotti y Sheryl Crow es un momento curioso y muy comentado dentro de la serie de conciertos benéficos Pavarotti & Friends. Te explico el contexto y cómo se percibió:
Contexto.
- El dúo pertenece a la ópera Don Giovanni, de Mozart, en la que Don Giovanni intenta seducir a Zerlina con promesas de un futuro mejor.
- En 1996, durante un concierto en Módena, Pavarotti invitó a Sheryl Crow, estrella del pop-rock estadounidense, a cantar este fragmento con él.
- El evento tenía un fin solidario: recaudar fondos para niños de zonas de guerra.

La interpretación.
- Pavarotti, como siempre, aporta su voz majestuosa y un fraseo impecable, y encarna a Don Giovanni con naturalidad.
- Sheryl Crow: no es soprano ni cantante de ópera y, como ella misma confesó después, estaba aterrada de cantar en italiano junto a Pavarotti. Su voz, más cercana al pop y al folk, parece fuera de lugar en el mundo operístico, pero aporta frescura y vulnerabilidad.
- El contraste entre ambos es evidente: la potencia lírica de Pavarotti frente a la sencillez y timidez de Crow. Esa tensión, que para algunos puristas resultó «desajustada», también puede interpretarse como un eco del propio libreto: Zerlina dudando, tentada, pero insegura.
Recepción.
- La actuación fue polémica entre los aficionados a la ópera: algunos la consideraron un sacrilegio y otros la vieron como un gesto entrañable y valiente.
- Lo importante es que Crow no intentó “hacerse pasar” por soprano, sino que aceptó el reto como un homenaje y un acto de apertura artística.
- El público asistente la recibió con entusiasmo y el objetivo benéfico dio legitimidad a la colaboración.
Si lo miramos desde una perspectiva más poética, la unión de un tenor legendario y una cantante pop fuera de su zona de confort refleja el tema del aria: un juego de seducción, de riesgo y de cruce de mundos. Pavarotti representa la tradición y la autoridad, mientras que Crow encarna la duda y la vulnerabilidad. En cierto modo, la imperfección de la interpretación refuerza el dilema de Zerlina: Vorrei e non vorrei («Quisiera y no quisiera»).
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